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domingo, 25 de septiembre de 2016

INTELIGENCIA EMOCIONAL Y LIDERAZGO COTIDIANO

Cuando se escucha la palabra inteligencia suele interpretarse como característica propia de una persona versada o preparada intelectualmente y cuando se escucha la palabra emoción, se hace referencia a los sentimientos, los cuales se supone deben ser objetivados al momento de tomar decisiones.

Pues bien, hemos escuchado hablar de una conjunción la cual se ha tornado mucho más valiosa y es la inteligencia emocional, la cual hace alusión al conocimiento de las emociones y la capacidad de comprender las propias y las ajenas.

Cada uno de nosotros se convierte en un líder en los diferentes espacios donde nos desarrollamos: la familia, los círculos sociales, el trabajo, de tal manera que se hace necesario adentrarnos a ese mágico mundo de las emociones y de la necesidad de poder identificar las nuestras y las de quienes nos rodean, dado que la paleta de emociones nos acompañan en nuestra cotidianidad y en la medida que aprendamos la habilidad de  controlarlas y usarlas, hará que seamos más eficientes.

Para lograr desarrollar la habilidad planteada es necesario tener en cuenta que hay tres aspectos que orientan nuestro ser y nuestras relaciones con los demás: El sentir, el pensar y la acción. De tal manera que al tener un sentimiento se traduce en un pensamiento, este en una palabra y con todo el poder que ella encierra se convierte en acción.

La tarea desde nuestra postura como padres es orientar a nuestros hijos en el conocimiento, control y manejo de las emociones, para hacer de ellos unos seres con la habilidad de comprenderse a sí mismo y al otro. En esta medida tendrán relaciones sociales más eficientes y fluidas.

No obstante, no podemos dar de lo que no tenemos, así que se hace necesario revisar nuestra inteligencia emocional y empezar a ejercitarnos en ella, tanto como hacen los deportistas de alto rendimiento, entrenan para lograr la meta, así mismo debemos entrenar en el día a día la habilidad de conocer y controlar nuestras emociones para poder comprender las de quienes se relacionan con nosotros.

Saber aplicar adecuadamente la inteligencia emocional contribuye a mejorar las relaciones con la pareja, la familia, los amigos, compañeros, equipo de trabajo; impulsa la aptitud de credibilidad y liderazgo; favorece la resolución de conflictos de forma armónica y satisfactoria; y facilita el desempeño individual de la actividad profesional reduciendo estrés en casa y en el trabajo.

La inteligencia emocional aplicada a los distintos espacios donde nos desenvolvemos nos permite mejorar en torno al liderazgo y toma de decisiones, entre otros tópicos, requiriendo el desarrollo de habilidades como empatía, la resolución de conflictos, adaptabilidad, simpatía, entre otros.

En algún momento de nuestras vidas tendremos la oportunidad de ejercer como padres, jefes, compañeros, orientadores, docentes, etc., he ahí la importancia de potenciar la capacidad de ser líderes, siendo necesario que tengamos en cuenta el valor que la inteligencia emocional tiene para desempeñar este rol y  desarrollar las capacidades necesarias.

Debemos recordar que para ser eficientes como líderes, debemos tener un conocimiento claro de nuestras emociones y saber que cada una de nuestras acciones genera alguna reacción en las personas de nuestro entorno. Es así como debemos relacionarnos y trabajar en conjunto con los demás.


Finalmente, la tarea con nosotros mismos es tomarnos tiempo para identificar nuestras emociones, aprender a regularlas, desarrollar la habilidad de comprender las emociones de los demás y fortalecer las habilidades sociales. Depende de cómo nos sentimos, así mismo pensamos y actuamos. Recordemos y concienticémonos que no todos sentimos ni pensamos igual.

viernes, 16 de noviembre de 2012

NUESTROS HIJOS ESCOLARES Y LA SEXUALIDAD

Una de las grandes curiosidades que se genera en los seres humanos es el descubrir lo desconocido y nuestros hijos no son la excepción. Desde su nacimiento están conociendo el mundo que les rodea, inician un proceso de relacionarse con los demás, empezando con sus padres, hermanos, familiares y más adelante con sus amigos, compañeros y docentes.

La sexualidad es también un mundo maravilloso que poco a poco va haciendo parte del conocimiento de los niños y las niñas, iniciando con el reconocimiento del propio cuerpo, luego del de los demás, siendo niños o niñas, descubriendo que hombres y mujeres somos físicamente diferentes. En la medida que nuestros hijos crecen, se interesan por relacionarse con sus pares indistintamente si son del mismo género o no. 

En la etapa escolar los niños y las niñas perciben que el sexo está rodeado de secretos, cosas que aún no entienden y que expresan sólo en susurros a sus "mejores amigos”. Por el desconocimiento que aún tiene sobre la anatomía del sexo opuesto, así como también la actitud sincera y despreocupada que presenta ante el placer, comienzan a darse los clásicos juegos donde fantasean siendo “novios” de  la niña que les parece más linda o del chico más guapo o extrovertido del grupo, así como juegos de mamá, papá o el doctor. Es importante que en esta etapa los padres se sientan tranquilos antes los primeros pasos de sus hijos en la relaciones amorosas que nada tienen de peligrosas o prematuras, sino por el contrario, son una prueba para las situaciones que van a producirse en la pubertad y adolescencia. Es importante que se acerquen a sus hijos y dialoguen con ellos sobre sus dudas e inquietudes, siempre será mucho mejor que esas dudas las expresen y les sean aclaradas en casa y no fuera de ella. En esta medida se afianzará la manera de ver el mundo y de relacionarse con él. 

En este proceso no están sólo con los padres, pues existen otras personas  como los cuidadores, docentes, amigos o pares y también entran en juego los medios de comunicación. Todos sabemos que nuestros hijos nacieron en una época fuertemente digital y virtual, y es a través de la televisión y más aún de la Internet, donde tienen la posibilidad de acceder a un mundo atractivo, fantástico y llamativo. En ocasiones pasan largas horas navegando y sin buscarlo ingresan a páginas no recomendadas para ellos, ya sea por coincidencia, por recomendación de sus pares o por haber escuchado a adultos y/o hermanos mayores.

Es necesario aclarar que la Internet es una herramienta y como todo, debe tener una supervisión y orientación de adultos responsables. Pero igualmente, se sabe que muchos padres no cuentan con el tiempo para estar en el acompañamiento constante de sus hijos al acceder a dicho recurso de información. En este orden de ideas  uno de los compromisos como padres es elegir los programas de televisión, películas, videos y hasta las paginas web, cuyo contenido sea acorde a la edad de nuestros hijos. Es así como una buena opción es tener un programa de protección infantil en cada computador donde tengan acceso nuestros hijos, así habrá mayor seguridad para evitar que tanto imágenes como información inadecuada llegue a ellos. El siguiente es un enlace que nos puede ayudar a hacer el control de la navegación por Internet de una manera más segura para nuestros hijos: control parental: navegación en internet para niños

En medio de dicho panorama es necesario mantener una adecuada  comunicación manteniendo la calma y la tranquilidad frente a inquietudes de contenido sexual, recordarles que cada persona cuenta con un espacio personal y como tal es necesario respetarlo y hacer respetar el propio. Así van aprendiendo a cuidar de su propio cuerpo. Se debe tener en cuenta que es mejor iniciar, desde casa, los temas sobre sexualidad en los primeros años de su niñez, aunque nunca es demasiado tarde para empezar. Brindarles información adecuada a su edad los ayudará a sentir que tienen más control sobre su cuerpo y a tomar decisiones responsables consigo mismos y con quienes le rodean, facilitándoles información precisa para tomar decisiones con responsabilidad. Un aspecto clave es ganar su respeto, si se logra, probablemente acudan a nosotros y a otros adultos que les inspiren confianza cuando necesiten informarse y no precisamente a sus pares o medios de comunicación. 

Enseñar a nuestros hijos sobre sexualidad es un proceso constante, ellos necesitan mucha información. Necesitan saber todo, desde anatomía, pubertad, hasta cómo mantener relaciones saludables; sin embargo, es importante tener claro que no todos los niños aprenden al mismo ritmo. 

Es importante resaltar que, como padres, somos sus orientadores y se hace necesario aprovechar todos los espacios posibles para clarificar ideas, juegos, conceptos, entre otros, utilizando los mejores aliados: la información, la confianza, el respeto y el amor que les hemos profesado.

martes, 4 de mayo de 2010

El deporte, ¿elección nuestra o de nuestros hijos?

¿Qué puede aprender un niño a quien obligan a empezar un deporte, un niño que suplica no entrar en la piscina, por ejemplo? Tal vez es  un niño con temor, quien espera ser escuchado por sus padres, principales protectores.

¿A cuántos niños hemos visto en una escena similar?

Podríamos ser más pacientes y respetuosos con los momentos y las motivaciones de nuestros chicos. Muy seguramente aprenderán más y mejor, con mayor motivación y entusiasmo, aquellos niños a quienes les gusta un deporte, entonces, qué mejor que indagarles cuáles son sus preferencias y así  apoyarlos en sus gustos, evitando en cambio, obligarlos a practicar uno de nuestra predilección sin tenerlos en cuenta a ellos.

Este es el principio.

La segunda parte de esta elección es el proceso. Usualmente elegimos escuelas o clubes encargados de enseñar un deporte en particular, en la gran mayoría, los profesores y/o formadores deportivos planean sus clases con objetivos puntuales y dentro de ellos, los primeros son precisamente la formación como personas, antes que la competencia como tal, incentivan el placer por el juego, por el deporte antes que por el premio.

Los niños que inician la práctica de un deporte, lo hacen no solo para aprender, sino para disfrutar. Practicando van aprendiendo y no solo la técnica del deporte elegido, sino el compartir,  perder, empatar, ganar. No obstante, este último no es el objetivo por lo menos dentro del deber ser, al introducirse en el mágico mundo del aprendizaje deportivo.

Es triste observar padres y madres exigiendo demasiado a sus hijos en el rendimiento deportivo, especialmente en las primeras etapas deportivas, tal vez proyectándose a sí mismos, atropellando el proceso de formación de sus hijos. En aras de querer contribuir en el aprendizaje y técnica, lo que generan son sentimientos de culpa al niño, hiriendo su autoestima. En ocasiones, poco reconocen el esfuerzo y el significado que para su hijo tiene el ir creciendo como deportistas.

Es innegable que todos deseamos ser los mejores y por supuesto que nuestros hijos lo sean, sin embargo, es necesario recordar que damos nuestro mejor rendimiento cuando disfrutamos lo que hacemos, cuando nos preparamos y aprendemos lo que nos interesa, el desempeño es el resultado de dicho aprendizaje, del proceso en sí.

Los niños orientados por sus padres eligen un deporte y es muy común cambiar de elección, de manera que al principio es primordial y necesario permitirles conocer las distintas opciones, lo importante es la motivación y el incentivar el gusto por el deporte espontáneamente. Ya llegará el momento que se si es parte de su proyecto de vida o de su iniciativa individual, de acuerdo a sus habilidades y destrezas, elegirá el que más le interese y disfrutará practicarlo, llegando tal vez a un nivel competitivo.

Entonces, como padres tengamos paciencia, respetemos la individualidad de cada uno de nuestros hijos, apoyémoslos en la elección y práctica deportiva, teniendo en cuenta su evolución y desarrollo individual, los planes del club o escuela elegidos. De lo contrario el aprendizaje deportivo se tornará estresante, aburrido, generando apatía, frustración  y abandono de la actividad física.

Recordemos que son niños y niñas en proceso de aprendizaje, son personitas independientes de nosotros, ellos no son nuestra prolongación de nuestra existencia, son seres autónomos, distintos. Ellos son ellos, nosotros somos sus padres, orientadores, guías, apoyo, ejemplo.  De manera que es mejor no pasar inadvertido el tema de la elección deportiva, pues aunque no parezca, tiene mucha más incidencia de la que imaginamos.

viernes, 16 de abril de 2010

La mañana: ¡un hermoso despertar!

Todos deseamos tener un día maravilloso, en el que todo nos salga bien de acuerdo a nuestro plan mental diario. Queremos que independientemente del clima, del agite de la ciudad, de la programación laboral o académica, sea un día agradable.

Pues bien, esto depende de nuestra actitud hacia la vida,  al día a día, al entorno, hacia los demás. He ahí la importancia de un buen despertar. De ese primer momento de la mañana depende en gran medida el trascurrir del día. Ese instante al empezar la mañana afecta nuestros sentidos, nuestra visión del  mundo, nuestra actitud.

Los niños y niñas, no son ajenos a este sentimiento ni a esta programación. Así que nosotros los adultos, como padres podemos contribuir enormemente a que el día de nuestros hijos sea agradable y este objetivo empieza justo en el momento de despertar.

Cada familia es diferente y tiene costumbres propias, no obstante, vale la pena preguntarnos: ¿Cómo despertamos a nuestros hijos?, ¿Cómo contribuimos a que su día sea más agradable?, ¿Cómo es nuestro despertar?

Es así como vale la pena mantener la mente bien abierta y establecer una agradable, positiva y optimista rutina al levantar a nuestros hijos. Quizás surjan muchas sugerencias y está bien tenerlas en cuenta, por ahora ¿qué tal si nos atrevemos a levantarnos antes que los chicos, organizar nuestras cosas, nuestra presentación personal, estar listos y dedicarles sin afanes entre 7 y 10 minutos para su lindo despertar?

Como propuesta podríamos empezar por dejar lo que necesitamos listo desde la noche anterior, así en la mañana podremos contar con un tanto más de tiempo, pudiendo empezar hablándoles de manera dulce, tranquila, amorosa y con un tono que le vaya despertando,  mientras damos unas caricias por su espalda, cabeza, cabellos, un cosquilleo suave pero no arrullador. Hablando siempre, deseándoles los buenos días, recordándoles cuanto les amamos y que ya es hora de empezar un hermoso día. Hay que animarlos con cierta firmeza para tomar el baño mañanero y todo lo que representa la rutina de la mañana antes de ir al colegio y nosotros al trabajo.

Muy seguramente se despertará alegre, entusiasmado, amado y con una buena disposición para recibir este nuevo día. Se convertirá en un lindo recuerdo más de su infancia y aprenderá un buen hábito también.Esta forma de despertar se verá reflejada en su comportamiento en casa, en el colegio, con sus amigos, consigo mismo. Tendremos todos un mejor día, cada día.

Solo resta recordar que para lograr nuestros distintos objetivos se requiere de perseverancia, constancia, paciencia y mucho entusiasmo.

¡Vamos todos a intentarlo!

miércoles, 24 de marzo de 2010

¿Cual es el concepto que tenemos sobre el niño o la niña?

Desde nuestra infancia hemos escuchado toda clase de comentarios en torno a esos seres maravillosos que hacen parte del prometedor futuro: Los niños y las niñas.

Hay quienes dicen que los niños y niñas “son inquietos por naturaleza”, otros dicen que “mantienen midiendo el aceite”, otros comentan que “no entienden nada” y hay otros que dicen que “saben más que uno”, haciendo referencia a los adultos.

Los anteriores comentarios son ejemplos que dan cuenta del concepto que muchos adultos tenemos sobre lo que es un niño o una niña. De acuerdo a dicha significación, así mismo nos programamos mentalmente para interactuar con ellos, sean nuestros hijos, sobrinos, ahijados, amigos o vecinos.

De ahí la importancia de revisar esa imagen mental que tenemos de los niños y las niñas, así seremos más conscientes de la forma como nos relacionamos con ellos, sabremos lo que ellos necesitan para crecer, aprender, socializar. Igualmente, comprenderemos qué darles para su educación y cómo hacerlo. Es necesario tener presente que cuanto más amplio sea el conocimiento sobre la naturaleza de los niños y las niñas y sus diversas particularidades, mejor será el acercamiento y socialización que puedan recibir de nosotros en casa.

Recordemos que lo ideal es tener claridad en lo que queremos aportarles a su proyecto de vida, al proceso de este a lo largo de su infancia y los siguientes ciclos vitales individuales.

En esta ocasión, la invitación es a pensar en los niños y niñas, como aquellos seres sociales, inteligentes, dotados de grandes capacidades, únicos e irrepetibles, con una identidad propia como parte de su historia personal, que dependen de nosotros para conocer nuestro mundo, nuestra sociedad, nuestra cultura, nuestras creencias y que su relación consigo mismo, con los demás y con el mundo que les rodea, depende en gran medida de lo que nosotros les aportamos en lo cotidiano, con nuestro ejemplo, orientación, con la forma como establecemos su socialización.

Es así que nuestros hijos son capaces de interactuar con otros proporcionando su originalidad, haciéndolos diferentes de los demás, pero con capacidad de convivencia. Los niños y las niñas son el reflejo de nosotros mismos, de la familia a la cual pertenecen.

viernes, 26 de febrero de 2010

El juego: Vinculante y constructivo

Al recordar nuestra infancia, encontramos múltiples historias de juego. Parece que nuestra niñez se centraba solo en jugar. Surgía la creatividad al inventar un juego, la recursividad al utilizar objetos para nuestra diversión, hacíamos equipos y por supuesto jugábamos en solitario también. Así que el juego ocupó gran parte de nuestra historia infantil.

Los niños y niñas de la generación actual, no son tan diferentes, pues todos coincidimos en lo mismo: JUGAR!

Sin embargo, cuando somos adultos ¿qué pasa con ese importante verbo? ¿Cuánto jugamos con nuestros chicos? ¿A qué jugamos con ellos? ¿Cuál es el lugar que ocupa el juego en nuestros hogares? ¿Qué tanto nos interesamos en los juegos de nuestros hijos? Recordamos ¿qué hacíamos con nuestros padres? ¿Qué era lo que más nos gustaba compartir con ellos?

Es importante reflexionar sobre el concepto de juego que nosotros los adultos manejamos, ya que depende mucho de esa idea que tenemos, para darle el lugar que le corresponde.

Entonces, ¿qué es juego?

El juego es la forma más eficaz de incorporar a nuestros chicos en el medio que les rodea, de relacionarse con los demás. Es toda una oportunidad para compartir con ellos, aprovechar y reforzar aspectos tan importantes como las normas de la sociedad a la cual pertenecemos, cimentar conceptos como el trabajo en equipo, el respeto por el otro; aprender a dar y a recibir; a ganar, a empatar y a perder. Es la posibilidad de fortalecer valores, incentivar la creatividad, la imaginación, la recursividad, la motricidad fina y la gruesa… en fin! Hay tanto dentro de un juego y qué mejor que acercarse a ellos, darles nuestro conocimiento, escuchar el de ellos, incluso cuando se tratan de videojuegos y por supuesto aprender de esa capacidad de disfrutar y admirarse con las cosas simples.

Es necesario comprender que aunque los niños no juegan para aprender, aprenden jugando y que durante el juego, los niños y las niñas desarrollan nuevas habilidades y prueban diferentes papeles. Es así como el juego se encuentra significativamente relacionado con la resolución creativa de problemas, el comportamiento social, el pensamiento lógico, los coeficientes de inteligencia, la capacidad de integración, liderazgo entre otros.

Los niños y las niñas que no juegan, o que no juegan tanto como otros niños y niñas, tienen un mayor riesgo de dificultades emocionales, afectivas, intelectuales y sociales. Para aprovechar plenamente los beneficios de jugar, los niños necesitan adultos que les apoyen, que reconozcan el valor del juego y que los estimulen ofreciéndoles un ambiente seguro para jugar.

Todos sabemos que los niños y niñas no juegan a lo largo de la vida de la misma manera. A pesar de que el juego evoluciona de acuerdo con la edad, no desaparece la forma de juego interior, sino que se transforma y se hace más compleja, de allí que muchos adultos aún mantenemos vivo ese espíritu del juego.

Entonces, como la clave del desarrollo está en el juego, la invitación es a vivirlo y pensarlo como un proceso vinculante y constructivo.

martes, 15 de diciembre de 2009

¿Qué mensaje enviamos a nuestros hijos?

La forma como utilizamos las palabras puede ser clave a la hora de enviar un mensaje y que llegue como deseamos que sea interpretado.
Es importante clarificar primero qué es lo que queremos decir y a partir de allí, escoger dos elementos importantes: Forma y fondo. La primera hace referencia a la comunicación análoga o lenguaje no verbal que utilizamos al acompañar una frase, es lo que muchos llaman “el tonito”. La segunda se define como comunicación digital, las palabras en si, es decir, el contenido.
Al momento de impartir una norma, es importante acompañarla de un lenguaje firme, seguir, sin titubeos, sin gritar, ni ser agresivos. Así mismo el contenido debe ser claro y acorde a lo que esperamos decir.
En el tema con nuestros hijos, muchas veces solemos utilizar expresiones como “necesito que te cepilles los dientes, ya”, “hazme el favor y te comes todo”, “Me haces tareas…” o “Mira cómo me tienes tu cuarto tan desordenado”. Al analizar estas frases y detenernos en las palabras resaltadas, podemos ver que el mensaje constante es que el hijo haga sus deberes no para sí mismo, sino para y por su mamá, papá o quien esté a cargo. Por el contario es necesario que el niño aprenda que los dientes son suyos y se los cepilla a sí mismo, que comer es un beneficio para él y no para sus padres, al igual que las tareas son responsabilidad de él, no es un favor para sus padres o cuidadores.
En la medida que se enseñe a clarificar sus responsabilidades y deberes, comprenderá la importancia de cuidar su cuerpo, alimentarlo y que las tareas tanto académicas como del hogar, que le hallan sido asignadas son su aporte, su compromiso por si mismo, no por otros, ni para otros.
Lograremos mejores resultados al utilizar expresiones como: “Ve y te cepillas los dientes” ,“es importante que termines tu almuerzo”, “Es el momento de hacer tus tareas”, “Recoge tus zapatos”, etc.
La invitación es para que prestemos atención a la forma y el contenido que, en lo cotidiano, utilizamos al momento de comunicarnos, no solo con nuestros hijos, sino con todos aquellos que nos rodean.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Cuestión de Normas

Muchos padres se preguntan cómo hacer para que sus hijos hagan lo que mamá y papá desean? Qué hacer para que sean “juiciosos” y “obedientes”? o también surgen preguntas como: Por qué mis hijos son tan desordenados? Pues bien, la respuesta está en la socialización que les hemos dado, lo que les hemos enseñado. Ninguno de nosotros llega al mundo con un manual bajo el brazo, ni tampoco con una personalidad definida. De manera que somos los padres y madres quienes vamos formando y moldeando el comportamiento de nuestro pequeños. Somos nosotros los orientadores que vamos preparándolos para su vida en la sociedad.

Entonces, qué hacer?

Lo primero es tener claro, como padres, lo que les enseñaremos a nuestros hijos. Es saber y decidir entre ambos progenitores, cuales son las metas y a partir de allí, crear las estrategias para lograr los objetivos. Suena muy técnico. Pero, si por ejemplo, deseamos generarles autonomía, debemos darles responsabilidades acordes a su edad. Enseñarles a vestirse, comer, bañarse, etc., por si mismos. Probablemente al principio no lo harán perfecto, sin embargo en la medida que se ejerciten lo lograrán. Nuestro papel es incentivarlos y motivarlos para fortalecer su proceso.

A través de la misma socialización, se establecen normas claras acordes a la edad de nuestros hijos. Es importante que los hijos sepan, lo que se espera de ellos, cuales son sus responsabilidades, los horarios para ver televisión, jugar, hacer tareas. Cual es el comportamiento adecuado en el lugar establecido. No obstante, es necesario recordárselos cuando lo incumplan. Permitámosles sentir que siempre pueden contar con mamá y/o papá.

Dentro de las normas, es igual de importante que ellos tengan claro las consecuencias de sus actos al cumplir o incumplir las normas. Vale la pena resaltar que impartir normas no es sinónimo de rigidez, sino por el contrario es darles seguridad a nuestros hijos, cuando se sabe qué hacer, qué se espera, cuales son las reglas del juego, es más fácil la convivencia.

Durante todo el proceso de socialización y formación, existen dos elementos primordiales el amor y el ejemplo. El primero les da la confianza básica que requieren para conocer su entorno y en cuanto al segundo, permite dar forma a lo que hemos verbalizado. No podemos exigir, ni esperar sinceridad en los hijos, si nosotros mentimos a ellos o a terceros.

Recordemos que los hijos son reflejo de sus padres, de su familia, de cómo se relacionan al interior del hogar.

jueves, 22 de octubre de 2009

Maltrato Infantil

A lo largo de mi experiencia he tenido la oportunidad de conocer muy de cerca casos donde era usual el maltrato infantil. Durante mucho tiempo me pregunté por qué utilizar esta práctica como método de educación? De manera que con el tiempo pude acercarme a la respuesta.
Si bien es cierto existen muchos factores que intervienen en este aspecto, tales como la situación económica de la familia, los largos periodos de trabajo fuera de casa, el estrés de los padres, las relaciones con los miembros de las familias, etc. Adicionalmente media el tipo de educación o las pautas de crianza por las que pasaron quienes conforman una familia, su elección a construir. Sin embargo, considero que el mayor motivo, sino el único, por el cual padres y madres maltratan física, verbal y hasta psicológicamente a sus propios hijos, no es lo que el niño o niña hace en si, como un daño, una nota escolar no esperada, una desobediencia, una inadecuada respuesta, en fin, la lista es larga; sino lo que produce este hacer en la emocionalidad del padre o madre. Es la ira que siente el progenitor lo que genera una respuesta violenta en él. Lo que hace que desahogue su ira en su hijo o hija. Muchas veces ni siquiera se dan cuenta de hasta donde está llegando el descargue de su ira, solo después observan su huella. Especialmente cuando ese descargue es físico, porque cuando es verbal o psicológico no es fácilmente visible.
Es allí donde considero importante que como progenitores nos adentremos hacia nosotros mismos y aprendamos a manejar nuestros enojos, para poder corregir la conducta o comportamiento de nuestros hijos. Cuando esta corrección la hacemos de una manera tranquila y a la vez firme, analizando la situación, se tienen mejores resultados. Cada caso es diferente y surgirán inquietudes a resolver, pero por ahora los invito a reflexionar acerca de cómo manejamos nuestra ira, es necesario aprender a separar el estrés laboral, social, económico, de la forma como educamos a nuestros hijos. Esa hermosa parte de nosotros, esos seres a quienes amamos y que debemos recordar ese amor mucho más en aquellos momentos que requieren de nuestra orientación y hasta de un correctivo. Es hacer la comparación con otros, es decir, en nuestro lugar de trabajo también sentimos desilusión o ira, sin embargo, no por ello golpeamos a nuestros compañeros de trabajo o a nuestro jefe… eso es impensable! Por lo cual nos controlamos y lo manejamos de una manera diferente, entonces qué pasa con ese mismo control cuando sentimos enojo por las personas a quienes amamos? Más cuando esas personitas nos ven como lo más grande del mundo? Somos sus modelos, su referencia de amor, de socialización, a través de nosotros aprenden a conocer el mundo, a sentirse a gusto con ellos mismos, nos aman y esperan siempre sentirse seguros con nosotros. Entonces, démosles lo mejor de nosotros a ellos, hagamos que se sigan sintiendo seguros con nosotros, seamos unos modelos adecuados a seguir, tratémoslos como a nosotros nos gustaría que nos trataran si fuéramos niños o niñas. No es fácil, pero es necesario empezar.